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¿Ha llegado el momento del vino en lata?

Los países con una tradición más longeva en la cultura del vino –España entre ellos– son los que han sido más reticentes a la hora de incorporar formatos alternativos a la ancestral botella de vidrio en la búsqueda de opciones más prácticas, rentables y ecológicas para almacenar y transportar esta bebida.

 

Probablemente, el rechazo se deba a que en estas culturas existe una querencia más acentuada hacia la imagen clásica del vino, asociada íntimamente a la botella como envase icónico, con su respectivo corcho –de alcornoque, por supuesto, nada de materiales sintéticos como los que están actualmente en boga– y su infaltable cápsula recubriendo el tapón.

 

El mismo apego hacia lo rutinario es el que ha llevado a estos países, celosos de unos modos académicos de entender la cuestión vinícola, a proteger el clásico ceremonial del servicio del vino: el sumiller que exhibe la botella a los comensales, la descorcha con extremo celo, valiéndose de utensilios diversos, luego cata el preciado líquido en un brillante tastevin como los que aún algunos profesionales de este gremio lucen –a modo de collar– para finalmente verter el vino en la copa de quienes le han solicitado el noble servicio, a la espera de su aprobación.

 

Los nuevos formatos que compiten con la tradicional botella comienzan a hacerse un hueco incluso en los mercados más tradicionales del negocio del vino.

Las alternativas a la botella

Pues bien, todo aquel rito y fetichismo, desde luego, se pierde con la irrupción de los nuevos formatos que hace años están ganando espacio como opción a la sempiterna botella. Pero, aunque haya oposición a la novedad, los cambios siempre acaban por producirse. Y así es como, finalmente, formatos como el bag-in-box y las latas han acabado incorporándose en el universo del vino. Aunque no puede decirse que sea para suplantar a la botella, al menos si han llegado para convivir con ella. 

 

En el caso del bag-in-box, la tecnología es sencilla, pero resulta muy práctica para la conservación del vino: una caja con una bolsa interior, conformada por varias láminas que protegen el vino de los efectos de la luz y la oxidación; con un grifo que facilita la dosificación. Este sistema –que en España no parece convencer a los consumidores– sí triunfa en los mercados del norte de Europa, por las ventajas que supone su ahorro de costes y fácil almacenamiento.

 

El comercio de vino en lata ha tenido gran crecimiento en la última década, centrándose en tipologías específicas: vinos jóvenes, fragantes, monovarietales y espumosos.

Vino en lata: todas las ventajas

Respecto al vino en lata, es una apuesta a las que las bodegas se han sumado con mayor cautela, por la distorsión de imagen que hasta hace poco suponía presentar esta bebida en semejante formato y también porque la producción de vino enlatado exige una inversión específica en maquinaria.

 

Pero para los consumidores, echar mano a una lata a la hora de disfrutar de un vino supone multitud de ventajas: se trata de un envase irrompible, fácilmente transportable, de consumo individual, que alcanza la temperatura idónea y la mantiene con mayor rapidez, se puede adquirir en máquinas expendedoras y consumir en ámbitos donde las botellas están vetadas o son difícilmente transportables: playas, cruceros, excursiones al aire libre, eventos deportivos... Es también una buena alternativa para ofrecer en los aviones.

 

El mercado mundial del vino en lata

Con todo ello, no es de extrañar que el mercado del vino en lata haya tenido un crecimiento tan grande en la última década. Según un estudio de la consultora Nielsen, tan solo en los Estados Unidos, las ventas de vino en este formato aumentaron de 2 millones de dólares en 2012 a 183,6 millones en 2020. En 2019, el mercado mundial del vino enlatado se estimaba en 70,3 millones de dólares.

 

Aunque para entrar en este negocio –que aún sigue siendo más dinámico en mercados como el estadounidense que la vieja Europa– las bodegas deben tener en cuenta que no todos los vinos son aptos para enlatar ni seductores para los consumidores de este formato. Lo que se impone aquí son los vinos jóvenes, frescos, con nítida expresión frutal y varietal, franca y más bien sencilla. Y triunfan, especialmente, las burbujas. No olvidemos que el vino en lata nació, entre otras cosas, para competir con los refrescos y la cerveza. Teniendo en cuenta ese propósito, el carbónico resulta el aliado perfecto.

 

 

 

 

No están en lata, pero te encantarán